El "PUNTARENAZO" Artículo publicado en el Diario La Prensa Austral en Reportajes Especiales

"La protesta que remeció a Pinochet"

 

 

Jose Ruíz
Carlos Mladinic

 

El 26 de febrero de 1984, cuando decenas de personas tuvieron la osadía de manifestarse en contra del régimen militar, encabezado por el entonces comandante en jefe del Ejército y Presidente de Chile, Augusto Pinochet Ugarte, marcó un hito que la prensa bautizó como "puntarenazo".Tal vez pocos manifestantes dimensionaron lo que estaban haciendo en ese momento. Era la primera vez que en Chile el general Pinochet escuchaba personalmente gritos en su contra, tales como "¡y va a caer!" o "¡asesino, asesino!". Fue un acto que quienes lo vivieron, hoy lo califican de una valentía tremenda, porque aún corrían los tiempos duros del régimen militar. El descontento de la población cundía y a partir del "puntarenazo" se fueron abrieron otras formas de protesta en el país. No pensaban lo mismo los adherentes al régimen.

"16 detenidos por manifestaciones contra Pinochet. Incluyendo a José Ruiz y Carlos Mladinic", titulaba La Prensa Austral del lunes 27 de febrero. El intendente de la época, mayor general Juan Guillermo Toro Dávila acusaba a la Iglesia Católica de incitar a la manifestación opositora. Entre aplausos, pifias, gritos, consignas de apoyo a su gestión, el jefe de Estado, general Augusto Pinochet, presidió ese domingo, al mediodía, la ceremonia en la Plaza de Armas. El acto fue interrumpido por los gritos de un centenar de manifestantes, contrarrestados por los adherentes al gobierno. Algo de esto se sabía que podía suceder debido a que previamente sectores de la oposición llamaban a realizar una contramanifestación. Pinochet actuó con cierta serenidad, pese a que en esos momentos, cuando revistaba las tropas, se lanzaban panfletos y proferían gritos insultantes en su contra. Hecho que después fue considerado como "un atentado a los valores nacionales".

Concluida la ceremonia militar, la más difícil y complicada para el general Pinochet desde que asumiera el poder, hubo gente que lo asedió para tributarle su adhesión, recibiendo a cambio el saludo de mano del Mandatario. Los manifestantes debieron refugiarse en la iglesia Catedral para no ser alcanzados por los conscriptos y adherentes a Pinochet que buscaban venganza por lo ocurrido. Allí quedaron el resto de la tarde, a puertas cerradas, por temor a ser detenidos. ¿Cómo se gestó la protesta? Fuentes consultadas coinciden en señalar que el "puntarenazo" nació a partir de un cabildo realizado en la parroquia Fátima, días previos a la llegada del general Pinochet a la región. El cientista político Manuel Rodríguez, quien en esa época formaba parte del "Grupo de los 24" o "Grupo de Estudios Constitucionales", recuerda que se reunían periódicamente a discutir temas de la agenda política. Pero, además, un grupo más pequeño formó una especie de cofradía que se juntaba todos los sábados, formada por un representante de cada partido político, a partir de lo cual comienzaron a gestarse las protestas. Además, a fines de noviembre de 1983 empezaron a desarrollarse los primeros cabildos abiertos. En febrero del año 1984 se programa uno justo para la llegada de Pinochet a Punta Arenas. Se realizó en la parroquia Fátima, la misma que tiempo después sufriría una atentado explosivo. "Termina el cabildo y la gente baja al centro en una marcha espontánea que desemboca en la plaza Bulnes. Allí se produce un incidente, que hasta el día de hoy no ha sido aclarado. Una camioneta se lanza contra los manifestantes, dejando a uno de ellos con lesiones graves. Este hecho vino a enardecer los ánimos", recuerda Rodríguez. Al otro día, cuando llega el general Pinochet a la plaza y baja de su vehículo, levanta su mano izquierda saludando a la gente sin imaginar que las personas allí apostadas le tenían preparada una protesta en su contra.

Los disturbios que se produjeron en esos momentos, faltando minutos para el mediodía, detonaron la indignación de los partidarios del gobierno. Mientras el Mandatario intentaba restarle importancia al incidente, marchando a paso firme como si nada sucediera, frente al público y medios de comunicación regionales y nacionales que cubrían la gira, a sus espaldas se desataba una batalla campal. Gritos, insultos y patadas, entre opositores y oficialistas, distraían la atención del público. El intendente Toro Dávila, como "dueño de casa", no podía ocultar su rabia y frustración. Los manifestantes, viéndose en inferioridad numérica frente a los partidarios de Pinochet, en su gran mayoría soldados conscriptos, deciden ingresar a la entrada de la iglesia Catedral y cerrar los portones.

Parapetados al interior continuaron con los gritos de protesta, situación que enardeció aún más los ánimos, sobre todo porque esto se tomó como un respaldo de la Iglesia Católica. Uno de los sindicados por el gobierno como responsable de esta situación fue el entonces párroco de San Miguel, presbítero Marcos Buvinic. Hoy, al recordar este episodio, insiste en que lo único que hizo en ese momento fue proteger a la gente que veía amenazada su integridad física. "Me culpaban a mí y algunas autoridades decían que me vieron allí, siendo que yo llegué después".

Lamentablemente, la feligresía que ese domingo asistía a la misa en la Catedral terminó involucrada, quedando atrapada al interior del templo, sin siquiera tener vínculos con la protesta. "Ese día yo estaba celebrando la eucaristía en la capilla Buen Pastor, en el sector Río de la Mano, y al término soy avisado de que tenía un recado por lo ocurrido en la Catedral. Cuando llego me encuentro con el templo rodeado y en su interior varios cientos de personas refugiadas tras la manifestación", es el recuerdo que Marcos Buvinic tiene hoy de ese domingo. Durante la tarde se abocó a realizar gestiones para conseguir que las personas pudieran salir de la Catedral, sin represalias en su contra. "Afuera había un ambiente de mucha agresividad y violencia, manifestada en los gritos de las personas. Casi todos eran conscriptos en tenida de civil que manifestaban su molestia en contra de quienes estaban dentro de la Catedral". Buvinic, quien actualmente trabaja en la facultad de Teología de la Universidad Católica del Maule, desmiente categóricamente que la Iglesia haya tenido participación en la organización de esta manifestación, como lo insinuara Augusto Pinochet en una pregunta pública: "¿Es la Iglesia la que está contra el gobierno?". A periodistas declaró, en esos momentos, que era triste ver a sacerdotes en la puerta del templo, guiándolos y llevándolos adelante y también gritando. "Eso se vio, lo vieron ustedes, lo vi yo y todo el mundo que estaba allí", precisó el jefe de gobierno en ese entonces. El mismo intendente Toro Dávila, en declaración pública, manifestó su repudio por lo sucedido con gente "amparada por el sacerdote Marcos Buvinic, a quien vi personalmente". Por su parte, la Iglesia Católica, por intermedio del Consejo del Presbiterio, negó responsabilidades.

Por Edmundo Rosinelli