UNA HERIDA QUE AUN NO SANA

Por Sergio Reyes

1-Sep-2004.- Ya se cumplen 31 años desde el golpe militar que sacudió nuestro país con la sorpresa asesina de la barbarie desatada por nuestros "valientes" soldados. Aqui mas que nunca se hizo verdad la letra de la canción de Daniel Viglietti que reza, "canción desarmada no puede servir, canción desarmada no enfrenta a un fusil." Nuestras canciones que pregonaban un mundo mejor, fueron aplastadas con bombardeos aereos, con tanques en las calles, con fusilamientos, con toques de queda, con arbitrariedad, con prisión, con tortura, con muerte. Los soldados de la patria, pagados con los impuestos del pueblo trabajador, se enfrentaron cobardemente contra un pueblo desarmado.

En este último rincón geográfico de Chile, donde el porcentaje per cápita de soldados en relación a la población civil ha sido siempre tan desproporcionado, se cometieron las mismas atrocidades que en el resto del país. Miles de jóvenes y viejos luchadores y luchadoras sociales fuímos avasallados por el arbitrario poder militar.

Y aun hoy, 31 años mas tarde resuenan en nuestras mentes los lastimeros quejidos de cuerpos violados, hacinados, torturados y asesinados. Cada institución militar, como el Regimiento Pudeto, el Cochrane, la FACH, Blindados, Carabineros, Gendarmeria, y centros de tortura como el Palacio de las Sonrisas, el Estadio Fiscal, esto por hablar sólo de Punta Arenas, fueron manchados con la sangre y el sufrimiento de los mejores y mas abnegados hijos e hijas del pueblo trabajador. Lo mismo se puede decir de Puerto Natales y Porvenir. Y aun más al sur, esa pequeña, inhospita isla, la Isla Dawson fue nuevamente transformada en lugar de represión y sufrimiento, levantándose alli un campo de concentración al mas puro estilo nazi.

Por ahi pasamos muchos de los que hoy aun tenemos fuerza para recordar esta ignominiosa página de la historia de Chile. Pero de cada sufrimiento humano surge la esperanza, esa fuerza vital por sobrevivir. Y desde allí surgió la creatividad, la solidaridad, y el entendimiento que tenemos que seguir luchando para cambiar la sociedad barbarica que engendra el capitalismo.

Las tareas de hacer justicia a las atrocidades de esos años siguen pendientes. Es probable que los que vivimos esa etapa no tengamos ni el tiempo de vida, ni las fuerzas para hacer justicia. Por eso es que es necesario mantener viva la memoria colectiva, de representar sin exagerar ningún hecho de entre los hechos que ocurrieron. Los jóvenes de hoy deben de prestar mucha atención a estos antecedentes históricos, porque lamentablemente la historia puede repetirse.

Sin embargo, también hay que ir reconociendo los logros obtenidos. Por ejemplo, las pequeñas "reparaciones" que el estado ha asumido. Lamentablemente, esas reparaciones no han salido del presupuesto militar sino nuevamente de los impuestos de los trabajadores. Hay que valorar las victorias morales como la purificación del Estadio Chile y su posterior cambio de nombre a Estadio Victor Jara.

Las organizaciones de derechos humanos de Magallanes han exigido y siguen exigiendo que se designe el Palacio de las Sonrisas, el viejo Hospital Naval en la Avenida Colón como un museo por la defensa de los derechos humanos. Hay que proseguir en esa lucha y llevarla a un final exitoso.

La Isla Dawson debería también ser traspasada desde la propiedad naval asignada por el Estado a la propiedad colectiva de todo el pueblo y ser preservada como patrimonio nacional, como un santuario ambientalista y un museo histórico de derechos humanos. Alli no sólo debe de recuperarse la historia de la represión militar de 1973 sino que el hacinamiento de los habitantes nativos de esta región, arreados alli por la marina de Chile para ser "reeducados, civilizados" por la Iglesia Católica, la antesala del exterminio. Nunca más debería darse el hecho del año pasado donde la Armada se negó a dejarnos entrar en ese territorio el día 11 de septiembre.

Se debe profundizar la propuesta de reparación y justicia que ofreció el gobierno. Este plan debe de salir desde la base de los afectados, no de las cúpulas negociadoras con los grandes poderes del capital y de las Fuerzas Armadas. La justicia no puede negociarse.

Esta instancia, esta página digital debe cumplir su cometido de dar a conocer los testimonios que hacen la verdadera historia, que nunca es la historia oficial que inventan los opresores. Y debemos entender que este medio no sólo puede alcanzar cada rincón de las islas y el litoral magallánico, sino que se puede leer en todo el país y, más aun, en el mundo entero.

Sigamos luchando por la verdad hasta conseguir la justicia.

¡Venceremos!